Foto de Samson Bush

Roma una ciudad objeto del turismo

Si bien es sabido que Roma fue capital de capitales, imperio de imperios y que existen muchas historias sobre ella y sus ruinas arquitectónicas así lo demuestran, en las dos ocasiones que he visitado la ciudad siempre me he ido con un sabor amargo. Seguramente este artículo no hable de lo bonito que es Roma, sus grandes avenidas Romanas y su buena comida. Es un artículo más real y visceral donde cuento la realidad más dura de una Roma abandonada al Objeto Turismo donde la economía Euro es el principal motor de interés y donde la Magia, Historia y Religión se han aliado para montar un circo económico muy rentable.

Una ciudad dejada

Si conoces la historia Romana, sus calles teatros y coliseo seguramente no puedas evadir la sensación al recorrer sus ruinas y calles del casco antiguo, ya que puedes llegar a imaginar como Hera en sus tiempos de grandes imperios, pero si sales del letargo histórico y vuelves a la realidad y hechas una pequeña ojeada a tu alrededor casi sin buscarlo resaltan matices de la ciudad que te hacen volver de un plumazo a la realidad. Calles sucias, instalaciones antiguas sin mantenimiento, pobreza, masificación turística, dejadez un conjunto de cosas que te dejan perplejos si piensas el gran veneficio que el turismo está dejando en la ciudad.

Realmente puede ser entendible que por un continuo uso de las instalaciones y lugares públicos las cosas pueden llegar a deteriorarse, pero no es el caso de Roma. Asombrados decidimos ir a las afueras de la ciudad donde el tumulto de gente y flashes de las cámaras no tenían protagonismo y la cosa no cambiaba mucho, todo seguía viejo, sin mantenimiento, dejado, contenedores viejos y rotos, basura desbordante en las papeleras, calles sucias y árboles sin podar en conjunto una ciudad que parecía haberse abandonado al cuidado para enfocarse a la recaudación del turismo.

Una constante obra

No es de estrenar y es más es casi normal que en cada fotografía de fondo salga una obra, vaya publicitaria de alguna construcción o alguna grúa repuntando los cielos. Lamentablemente Roma sigue los criterios básicos de algunos monumentos mundiales y se enfoca en la recaudación y sostenibilidad del turismo. Como muchos otros monumentos mundiales necesita de un tráfico constante de gente para su mantenimiento y sostenibilidad y una de las mejores formas de conseguir esto es manteniéndola siempre en obras, así el que la visita debe volver para ver esa parte cerrada, inacabada o en reformas que no pudo ver. No solo Roma se nutre de esta técnica monumentos como La sagrada familia en Barcelona o edificios de Gaudí, o la torre de pisa, entre muchos otros utilizan esta técnica para una técnica de fidelización al turismo. ¿Qué porcentaje volvería a visitar el coliseo una vez visitado?, o reformulamos la pregunta ¿Si parte del coliseo no lo pudieras haber visto, volverías?.

Una ciudad Mágica, pero con truco…

Como he comentado anteriormente si conoces la historia de Roma, es fácil dejarte embriagar por sus calles, fantaseando que grandes emperadores, romanos y gladiadores las han recorrido pisando los mismos adoquines por donde tú pisas y eso la convierte en una ciudad Mágica llena de encanto y fantasía, así que no todo es malo, Roma sigue siendo Roma y la historia perdura por sus hechos y por mucho artículo negativo que los blogueros queramos escribir no va a cambiar.

Riquezas por doquier, pobreza a espuertas

Fácilmente mires donde mires o entres donde entres puedes ver grandes riquezas, impresionantes catedrales o monumentos, baños de oro y lujosos balaustres y estandartes, imperitas estatuas de mármol luciendo al sol romano en grandes avenidas adoquinadas, grandes plazas con fuentes de cristalina agua brotando de sus lenguas de cobre y níquel, pero si somos capaces de salir de todo este lujo y por un momento logramos que él deslumbre de tanto derroche nos ciegue veremos bajando un poco la mirada la gente pobre pidiendo en sus calles. Una situación un tanto impactante que  hace ennegrecer la experiencia y te hace volver a poner los pies en la tierra y ver la realidad es el momento Vaticano. El momento VATICANO cuando entras en sus palacios, ves obras de arte, frescos en sus paredes impresionantes, baños de oro por doquier, cuál mínimo detalle tallado en mármol libertino, es tanto, que sales hipnotizado por el brillo y poder que ese lugar desprende, tanto, que casi no articulas palabra mientras realizas el recorrido establecido, ya que es tan magnánimo todo que te sientes abrumado por la magnitud de dicho lugar, hasta qué… Hasta que sales a la calle y casi tropiezas con gente pidiendo, gente sin recursos sobreviviendo a las puertas del cielo casi pudiendo sentir el olor del incienso pero sin nada que poder echarse a la boca. Una experiencia de límites extremos donde vives por un segundo en grandes palacios cubiertos de riquezas y al instante pasas a vivir la realidad de muchos, cuál más dura de vivir en la calle sin nada que comer.

La religión, un negocio muy rentable

Si eres una persona creyente y devota y llegas al Vaticano con la creencia de que aquello es el epicentro de la religión, que vas a estar casi a las puertas del cielo, puede que te desilusione saber que aquello parece más un centro comercial de rosarios, gorras y camisetas con la cara del Papa que otra cosa. Incluso dentro de la misma iglesia como es de esperar y si de un parque de atracciones se tratase a la salida del recorrido establecido siempre está la tienda de regalos. Una tienda de regalos equipada con souvenirs de todo tipo y gustos, desde una gorra fluorescente con la cara del Papa hasta un San Pancracio que se le ilumina el dedo por las noches. Una máquina de hacer dinero para aquellos devotos que casi hipnotizados por el incienso hacen cola para comprar la última foto de Jorge Mario Bergoglio con el dedo arriba.

Una experiencia que hay que vivir

¡Para no alargarme más, estas palabras son un relato vivido bajo un punto de vista, y como siempre digo tienes que ir a vivir tu propio punto de vista, así que la conclusión es, Roma si! Pero con dinero…

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